jueves, 2 de abril de 2009

TANDIL Y SUS SIERRAS


Para viajeros movedizos

Aunque la famosa piedra se cayó hace casi 90 años, la ciudad enclavada en el sistema de Tandilia ofrece múltiples variantes de excursiones por las sierras que desafían la pasión por el turismo de aventura. Pero no todo pasa por andar entre las piedras: también se puede pasear por los aires en planeadores, parapentes o en la aerosilla que asciende hasta la cumbre del cerro Centinela. Y al final de la jornada, nada mejor que un relajante spa.

Por Daniela Chueke

A simple vista, Tandil puede parecer un bello paisaje serrano, similar al de tantos otros, quizás sin mayor privilegio que el de un clima apacible. Pero eso es tan sólo a simple vista. A poco de haber llegado uno comienza a percibir cierto halo de misterio escondido entre las piedras, ese cielo transparente y el aire limpio, impregnado de un sutil aroma a hierbas que –seguro, me digo– deben ser “curativas”. Con sólo aspirar profundo, uno ya se siente bien, ¿qué otra prueba se puede necesitar?
He ahí el primer impacto placentero, especialmente si uno llega desde una gran ciudad, donde la pureza atmosférica no es precisamente cosa de todos los días.
En medio de un valle fértil rodeado de las sierras bajas del sistema de Tandilia, la ciudad está aproximadamente a 360 kilómetros de la Capital, rumbo al sudeste de la provincia de Buenos Aires. Desde su propio nombre, término mapuche que significa “Roca al caer” (tan: caído y lil: roca), construyó su identidad alrededor de un fenómeno extraño, devenido en mito: el de la Piedra Movediza, gigantesca mole de granito –se calcula que pesaba entre 300 y 400 toneladas– que pasó siglos oscilando rítmicamente sobre un cerro, sostenida en un incomprensible equilibrio, hasta que un día exacto, el 29 de febrero de 1912, se desplomó y quedó partida en tres pedazos.
Aunque el dramático final era de suponer, pocos se conformaron con la lógica, pero nada heroica explicación de que la ley de gravedad, tarde o temprano, se haría obedecer. Rápidamente empezaron a circular distintas versiones sobre el caso y todavía hoy sigue siendo tema de conversación. Quizás haya sido la vibración de las detonaciones, ruido habitual en las canteras de granito que hicieron de Tandil el principal proveedor de adoquines de la Capital. O tal vez fueron los picapedreros, gremio que solía ser fuerte como su oficio, que ya venía expresando su descontento social con una gran huelga realizada en 1911. Dicen que parte del grupo formó una especie de sociedad secreta para derribar la piedra, en repudio al turismo de clase alta que llegaba allí para verla.
Por alguna razón el lugar donde la Movediza ya no está sigue siendo un paseo atractivo para los turistas. Será por tradición, aunque si de tomar fotos se trata, un buen sustituto puede ser la piedra El Centinela, en el cerro del mismo nombre. Es seis veces más pequeña y liviana, pero al menos se la puede ver, erguida y firme, con sus 70 toneladas y 8 metros de altura. Entre sus tres puntos de apoyo se cuela la luz natural y, sí, da la impresión de estar en guardia, observándolo todo. Muy cerca de allí, el año pasado se inauguró una aerosilla para ascender a la cumbre. Durante el recorrido, de unos 700 metros, acunados por la suave brisa, se siente intensamente el aroma de los pinos. Claro, si uno lo inhala directamente desde sus copas. Desde el aire, ya olvidadas las primeras cosquillas en el estómago, también conviene apreciar las cavas de canteras abandonadas y toda la amplitud de las sierras, entre cuyas laderas rocosas surgen manantiales unidos en un pequeño espejo de agua.
En la cima, dos sorpresas: una espléndida vista panorámica del valle en el cual se encuentra la ciudad de Tandil y un parador donde se vende queso, asado y los famosos salamines tandileros. Además hay una huerta, una granja y un refugio donde es posible hospedarse.

Paseos entre las sierras
Para devotos de la naturaleza, Tandil guarda sorpresas especiales: casi todas las formas de disfrutar sus maravillosos rincones se pueden poner en práctica. En bicicleta, preferentemente una mountain bike de esas que tienen varias velocidades, se pueden cruzar los cerros hacia los viejos ramales ferroviarios –el ferrocarril llegó en 1833– y admirar antiguas casas de piedra y canteras fuera de uso.
A pie (o trekking) se pueden hacer paseos similares, con la ventaja de que siempre es posible andar con la mirada más atenta y detenerse ante cada pequeño maravilloso espectáculo de flores, pájaros y animales salvajes y saciar la sed en los arroyos y cascadas. A caballo y envehículos 4x4 se puede llegar hasta rincones más remotos aún. Pero si lo que se quiere es desatar la adrenalina, entonces hay que animarse a un vuelo de bautismo en avioneta o en planeador (desde el Club de Planeadores), o en aladelta, parapente o ultraliviano (desde el Hangar del Cielo). Si uno ama las alturas, pero no está dispuesto a despegar los pies de la Tierra, entonces tiene la opción de ascender la Sierra de las Animas, que con casi 500 metros sobre el nivel del mar es la más alta de las que rodean la ciudad. Por supuesto, la escalada en roca y rappel se practica en casi toda la región.
Para ver a los animales bien de cerca hay que darse una vuelta por Sierra del Tigre, una reserva natural de 140 hectáreas, llamada así porque originalmente la zona fue tierra de yaguaretés, felinos que hoy están en peligro de extinción.
El agua, otro requisito de cualquier vacación, especialmente en verano, está en la zona del Lago del Fuerte, creado artificialmente en 1951 a raíz de la inundación de ese año y que ahora está rodeado por un complejo de piletas municipales, restaurantes, confiterías y campings. En el lago se puede pescar, navegar, o pasear en canoas y kayaks.
El Fuerte Independencia es uno de los miradores más espectaculares pero no es el verdadero. Es un castillo morisco donado en 1923 por la colectividad española para conmemorar el primer centenario de la ciudad y está a unos mil metros del sitio original del fuerte que dio origen a Tandil. No importa, es una buena excusa para recordar algo de la historia. Tandil fue fundada el 4 de abril de 1823 por el brigadier general Martín Rodríguez quien, junto con los primeros 400 habitantes, ocupó y se asentó en tierras de los pampas. Cuando ya era un pueblo llegaron los primeros inmigrantes, españoles e italianos, algún que otro holandés. Después llegó el tren, vital para el desarrollo de aquella Argentina del siglo XIX. Fue en 1895 que Tandil fue declarada “ciudad” oficialmente. Dedicada a la explotación de las canteras, a la actividad ganadera y en algún momento a la industria metalúrgica, la región creció hasta que tuvo su universidad, en 1970.
Hoy Tandil tiene 150 mil habitantes arraigados en esa tierra de hermosos paisajes, mitos, historia... y buena comida. En la ciudad, un buen lugar para conseguir los manjares locales es Epoca de Quesos, antiguo rancho criollo manejado por tamberos de pura cepa que fabrican quesos caseros, embutidos, alfajores y mermeladas. Imposible ignorar semejante banquete, acompañado por galletas de campo, un buen tinto y soda, que viene en sifón de vidrio como los de antes.

DATOS UTILES

Como llegar: En auto: Para salir de Capital Federal (son 350 kilómetros de distancia) se toma las rutas nacionales 2 o 3, luego se empalma con las rutas 74 y 30; desde Mar del Plata y Azul, tome la ruta provincial 226. En ómnibus: El viaje dura cinco horas. Las empresas que llegan son Río Paraná (4315-0234); Costera Criolla (4313-5997).
Más Información: Dirección Municipal de Turismo de Tandil: 9 de Julio 555; Tel/fax: (02293) 432073; Casa de la Provincia de Buenos Aires: Callao 237, Capital, tel. 4371-3587, subcom@casaprov.gba.gov.ar. En Internet: www.tandilnet.com.ar; www.gruposierras.com.ar;www.gba.com.ar


http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Turismo/01-08/01-08-12/nota01.htm

PIPA, UN PARAISO SOÑADO





BRASIL
En la costa de Rio Grande do Norte


Aunque siempre estuvo ahí, la pequeña villa de pescadores Praia da Pipa, ubicada a 80 kilómetros de Natal, acaba de despuntar como una nueva estrella entre las playas del nordeste brasileño.


Texto y fotos:
Daniela Chueke

Con sus interminables playas encerradas entre las paredes rojizo-doradas de acantilados de más de cien metros de altura y el difuso vaivén de las orillas del Atlántico, Praia da Pipa atrajo hace diez años la atención de los primeros mochileros, jóvenes con espíritu de aventura, ecologistas e intrépidos buscadores de olas a las que desafiar con sus tablas de surf.
Por entonces no había posadas ni hoteles y los “descubridores” tenían que hospedarse en casas de nativos, descendientes de los indios potiguares. Hacia los ‘90 empezaron a construirse alojamientos, bares, paradores y restaurantes, y pronto se corrió la voz: Pipa, a sólo 80 kilómetros de Natal, se había convertido en el foco de la movida alternativa de la costa nordestina.
El rápido proceso de transformación, semejante al que experimentó la fluminense Buzios hace unos veinte años, es fácil de entender si se tiene la oportunidad de experimentar la magia del lugar. Llama la atención la gran cantidad de portugueses y argentinos que se afincaron allí, encandilados por la belleza del entorno y esperanzados ante la posibilidad de vivir una vida apacible, lejos del estrés de las grandes ciudades y cerca de los pacíficos delfines que danzan todas las mañanas en la Baía dos Golfinhos o en la laguna de Guarairas. Los extranjeros, así como muchos brasileños de todas partes del país, contribuyeron al espectacular desarrollo de la infraestructura turística que hoy se extiende desde Pipa hasta Tibau do Sul, situada a sólo seis kilómetros y un poco más tranquila. A lo largo de la ruta, con acceso a playas más amplias y silenciosas, hay una serie de resorts de categoría internacional pero construidos en estilo rústico para respetar la armonía con la naturaleza. Entre los dos poblados, al abrigo de doradas dunas, se suceden bolsones de mata atlántica y una secuencia de playas vírgenes, a las que se accede desde unas largas escaleras de 90 escalones que generalmente pertenecen a los hoteles –la entrada es libre incluso para quienes no se hospeden en ellos porque los balnearios no son privados– como Casablanca, Ponta do Madero o Village Natureza, o bien desde escaleras públicas, como en Cacimbinhas.



En ese camino, se encuentra el mayor Santuario Ecológico de Rio Grande do Norte, una reserva con vegetación autóctona y animales salvajes que se fundó en 1986 con la misión de “proteger la armonía del lugar para que pueda ser disfrutado para siempre”, según reza el folleto explicativo. A través de distintos senderos señalizados y que ofrecen distintos grados de dificultad, el caminante (lleve calzado cómodo, nada de tacos ni ojotas que puedan resbalarse) puede internarse entre la mata atlántica hasta llegar a la playa para encontrarse con los famosos delfines, centenarias tortugas marinas y peces buey, o detenerse en alguno de los miradores para apreciar la inmensidad de las bahías o escuchar el armónico canto de los pájaros al caer el sol.
Para aquellos que no trasnocharon, el día en Pipa comienza bien temprano, porque a las 7 de la mañana el cielo es completamente celeste y el sol ya brilla fuerte. Momento más que ideal para dar una larga caminata por la playa, cuando la marea está baja y la franja de arena tiene un ancho de más de 6 metros y aprovechar a broncearse sin quemarse la piel. Si piensa volver caminando conviene tener en cuenta hacerlo antes de las 2 de la tarde cuando la marea termina de subir cubriendo la playa hasta los acantilados.
También por la mañana es un buen momento para pasear en buggy a través de las playas y las dunas. Se lo puede alquilar sin chofer o contratar recorridos hasta Natal o hacia el sur, camino a Recife, pasando por cañaverales de azúcar y plantaciones de cajú a Baía Formosa, Barra do Cunhaú y la Laguna de Coca Cola (llamada así por el color ambarino de sus aguas, teñidas por las hojas de las cajueiras que se depositan en su fondo).
Como suele suceder cuando uno está de vacaciones, no hay horarios para las comidas, que las hay de todas las variedades, aunque los reyes son elcamarón y el pescado, frito, grelhado o con sabrosas salsas, generalmente acompañados con arroz, mandioca (macaxeira) o papas fritas. La cerveza, las caipirinhas y los jugos de frutas tropicales, dulcísimos y frescos, completan el festín.
Las noches de luna llena son ideales para participar de cabalgatas y fiestas en la playa, con música y fogón, emulando los luaus hawaianos. Durante las otras, los que rehúyen al sueño se la pasan en los bares o se van en procesión cuesta arriba por la Avenida dos Golfinhos –la calle principal de Pipa– hacia la Boate Kalangos, para bailar reggae, pop, rock, funk y hasta forró, el ritmo regional. Cuentan que esa danza sensual, que se baila en parejas y que suena parecido a nuestro chamamé, nació en Natal en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos estableció allí una base –conocida como Trampolín de la Victoria– después de la reunión que mantuvieron el 28 de enero de 1943 en esa ciudad los presidentes Franklin Delano Roosevelt y Getúlio Vargas. Los bailes que los militares estadounidenses promovían en aquel momento eran abiertos a todas las personas. “For all”, decían ellos, y los brasileños dijeron “forró”.
Para todos. Así es Pipa, un lugar donde las olas son furiosas y la gente amigable. Un lugar donde tanto los nativos como sus habitantes más recientes están abiertos al saludo y a una charla con el visitante. Esto sucede a cualquier hora y siempre sin prisa. La consigna común a todos es “curtir”, modismo del idioma portugués-brasileño que significa “disfrutar”. Curtir la playa, una cerveza fresca con la galera (grupo de amigos) o el cielo pleno de estrellas. Curtir la vida, sin ninguna otra obligación que la de sentirse libre.



DATOS UTILES

Cómo llegar: En avión hasta Natal, al Aeropuerto Internacional Augusto Severo. Las compañías que vuelan son Varig, Transbrasil y TAM. El tramo en taxi desde el aeropuerto aPipa cuesta cerca de R$ 80,00. Otra opción es verificar si la posada u hotel elegido ofrece servicio de traslados o bien contactar a las empresas receptivas en Pipa que hacen traslados y paseos en la región (Rivatur: 084 - 94313234). En auto, siguiendo por la ruta BR-101, entrar en Goianinha y seguir los carteles de señalización hasta Praia da Pipa. También se puede llegar en buggy o en 4x4 saliendo de Ponta Negra, en Natal, por la Ruta del Sol hacia las playas Litoral Sul, pasando por Barra de Tabatinga y cruzando en balsa (10 minutos) hasta Tibau do Sul. Recuerde consultar la tabla de las mareas ya que hay momentos en que no se puede cruzar.
Moneda: La moneda brasileña es el real (R$). Su valor de cambio con respecto al dólar americano es de 2,47. Conviene cambiar en el aeropuerto de Natal, ya que en el pueblo la cotización es menos conveniente.
Alojamiento: Hay una red hotelera de mil camas que incluye desde hoteles de categoría (70 dólares la habitación doble) hasta posadas y hoteles económicos (desde 10 a 40 dólares).
Información: Oficina de Turismo de Brasil: Cerrito 1350, Capital. Tel.: 4815-8737 al 40. Página oficial de Pipa en Internet: www.pipa.com.br

http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Turismo/01-07/01-07-08/nota03.htm

BRASIL - EN EL ESTADO DE MARANHAO


Domingo, 18 de Julio de 2004


El océano de arena


Desde Sao Luis, capital histórica declarada Patrimonio de la Humanidad, un viaje a los Lençois, un desierto sobrecogedor salpicado de lagunas de aguas frescas y transparentes. Una región de Brasil que por años se mantuvo escondida como un preciado tesoro, tan distinta a las zonas turísticas más conocidas por los argentinos, pero, a la vez, tan brasileña como siempre.
Texto: Daniela Chueke
Fotos: Pablo Grossman
Gentileza Embajada de Brasil
Maranhao es una zona de transición entre el nordeste y la amazonia, dos de los mayores atractivos de Brasil, uno por sus extensas playas y el otro por la pasión que despierta la selva tropical. Si bien en los mapas, el estado de Maranhao forma parte de la región Nordeste, su clima, su paisaje, su historia y la capital, la isla de Sao Luis, parecen tener un carácter más amazónico que nordestino. En primer lugar por el clima, de tipo ecuatorial, húmedo, caluroso y muy lluvioso, con una temporada de precipitaciones que se extiende desde enero a abril. En segundo, por la apabullante riqueza de su vegetación y de sus aves, especialmente en la región del delta del río Paranaíba conocido como de las Américas, que al desembocar en el Atlántico forma uno de los mayores deltas del continente. La región cuenta con un poderoso imán para atraer a viajeros ansiosos por descubrir rincones inexplorados de este planeta: el parque nacional de los Lençois Maranhenses, una inmensa extensión de dunas de arenas blancas, sedosas, regada de lagunas verdes o azules, que constituye un verdadero misterio de la naturaleza y que consigue transportar a quien lo recorre a esas áreas del pensamiento en las que no queda más remedio que admitir que no existen explicaciones acabadas para el milagro de la vida o que, todavía, hay mucho de nuevo bajo el sol.
Pero antes de llegar hasta allí, hay que conocer la capital, Sao Luis.

Portuguesa y... ¿jamaiquina?
Declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, la ciudad de Sao Luis conforma un verdadero museo a cielo abierto, aunque no en todas partes todo lo bien conservado que merecería. Con 1.350.000 habitantes, la ciudad comienza a despertar al turismo sin estar del todo preparada, salvo por el Centro Histórico, donde un valioso acervo arquitectónico reúne cerca de 5500 construcciones de los siglos XVII a XIX, que fueron o están siendo restauradas.
Las calles estrechas y empedradas de la época imperial mantienen intacto buena parte de su diseño original, aunque parte de los secretos de la ciudad todavía permanecen ocultos. Recientemente se encontró una red de galerías subterráneas de piedra que eran usadas tanto por nobles como por esclavos.
La influencia de las colonizaciones francesa y portuguesa se percibe a cada paso en la fisonomía arquitectónica y en el estilo de vida de este pueblo. En las callecitas empinadas pueden verse las fachadas originales de los caserones revestidas de coloridos azulejos, así como los enormes ventanales en los que exhibían a los esclavos para ser vendidos. Un dato curioso es que la costumbre de azulejar los frentes se implementó, más por una cuestión práctica que decorativa, a partir de 1830, para proteger las paredes de la acción desgastante de las lluvias y, al mismo tiempo, conservar siempre fresco el interior de las casas. Estas obras de arte comparten el espacio con pintorescos locales donde se venden artesanías, en su mayoría hechas de fibra de burití, cerámica y madera. También, con un puñado de barcitos y restaurantes en los que por la noche resulta muy agradable tomarse una refrescante cerveza, una caipirinha o un trago del aguardiente local, la tiquira (no recomendable para gargantas poco templadas al alcohol), mientras se escucha excelente música. Durante los fines de semana suelen presentarse grupos en vivo, que interpretan los conocidos temas de la MPB (música popular brasilera), pero lo que abunda en todas partes es el reggae. Y según dicen los entendidos, del mejor, compuesto e interpretado por grupos brasileños que recuperan el alma más pura del ritmo rastafari. Por esta razón hay quienes se refieren a Sao Luis como la Jamaica brasileña.
La gastronomía local es sabrosa y variada, protagonizada por la carne de sol (disecada y luego cocida), el pescado, los camarones y la torta de cangrejo, acompañados por un plato típico, el arroz de cuxá (hecho con camarones molidos y hierbas que lo tiñen de verde), con postres deliciosos en base a frutas tropicales como el bacurí, el copuaçu y el helado de tapioca (con harina de mandioca). Del guaraná, infaltable, en Maranhao sefabrica una versión local muy famosa llamada Jesús, de color rosado y de sabor muy parecido a la granadina.

De ayer y de hoy
Toda la esencia de la cultura maranhense se concentra en la Casa de Maranhao, un espacio situado en la calle del Trapiche, en el centro histórico. Allí, los jóvenes guías que reciben a los visitantes cuentan la historia de una ópera popular, el Bumba Meu Boi, la mayor expresión folclórica de la región. Existen más de 300 diferentes grupos que la representan durante las Festas Juninas, con sus bailes, ritmos y trajes tradicionales, en grandes playones. El espectáculo representa una leyenda que subsiste desde la época de la esclavitud. Es la historia de un esclavo, Chico, que inducido por su esposa embarazada –con antojo de comer la lengua del buey preferido por el hacendado– se arriesga a matarlo para evitar una posible deformación del futuro bebé. Cuando el amo se entera, ordena colgar a Chico y matarlo a latigazos, pero su mujer confiesa su culpa y pide misericordia. Entonces el amo decide que perdonará al esclavo sólo si traen al buey frente a él y logran que éste resucite y baile. El improbable hecho, según cuenta la leyenda, finalmente acontece y el esclavo es perdonado, convirtiéndose el prodigio en una alegre fiesta popular que sigue emulándose año tras año.
Otro ícono de la ciudad es el Palacio de los Leones, el primer fuerte construido por los franceses, que actualmente es la residencia del gobernador. Cerca de allí, está el antiguo Convento de las Merdedes, que se transformó en un cuartel militar y que actualmente es el memorial de José Sarney, ex presidente del país.
Maranhao, antiguamente un rico estado productor de algodón, es hoy uno de los más pobres del país. Las expectativas para reactivar la economía de la región están puestas, en gran medida, en el crecimiento de la actividad turística, para lo cual se sigue impulsando el Plan Mayor de Turismo, vigente hasta el 2010. En Sao Luis, el plan llevó a remodelar varias áreas de la ciudad como el mencionado centro histórico y los alrededores de la laguna de Jansen, en la que se construyó un punto de información turística, así como un paseo costero en el que hay pistas de ciclismo, aerobismo y un playón para realizar eventos al aire libre.

Un vuelo a los Lençois
Para llegar hasta los Lençois es preciso hospedarse en Barreirinhas, un poblado de pescadores que tiene una incipiente infraestructura turística, compuesta por varias posadas y algunos locales de artesanías. Desde Sao Luis hay dos formas de viajar hasta allí: en avioneta o por una ruta intercostera (MA 402) inaugurada hace menos de dos años. El trayecto en avioneta, por supuesto, es más emocionante (aunque más caro y no apto para los asustadizos, ya que dura casi una hora). Desde el aire se puede apreciar la inmensidad de los Lençois, desde que nacen en la costa hasta bien adentro del continente.

Me pregunté por qué los llaman así (lenço quiere decir sábana y aseguran que la imagen de este desierto es el de las sábanas tendidas al sol) ya que a mí me hizo imaginar un paisaje como podría ser el de la luna.
Antes de visitarlo asistí –junto con mis compañeros de viaje– a una charla con Juliana, una bióloga oriunda de Sao Paulo, representante del Ibama, el instituto brasileño de protección ambiental. Ella nos contó que el Parque Nacional de Lençois Maranhenses fue creado en 1981 con la meta de proteger y estudiar ese ecosistema, razón por la cual se permiten las visitas únicamente en forma controlada, tanto en relación con la frecuencia como con la cantidad de turistas, a fin de no dañar el medioambiente.
El parque es inmenso, posee un área total de 155 mil hectáreas, el mismo tamaño de la ciudad de San Pablo. Pero allí en lugar de los altos rascacielos y de los millones de seres humanos en permanente vaivén, el paisaje está compuesto por dunas y más dunas móviles, algunas de más de 20 metros de altura, pero todas de arenas tan blancas que parecen talco,peinadas por el fuerte viento que sopla permanentemente ocasionado por el movimiento de las mareas. Juliana nos explicó también que aunque se lo suele llamar el Sahara brasileño, los Lençois Maranhenses técnicamente no lo son, ya que registran un índice pluviométrico anual de 1600 mm. Toda esa caída de agua ocurre en la estación lluviosa, de enero a junio, y como las napas freáticas (las que absorben el agua) no son muy profundas, se forman más de 30 mil lagunas. Tampoco se permite el acceso al parque de buggies o vehículos 4x4 ya que el peso alteraría el movimiento natural de las arenas.
El período de sequía, en que decenas de lagunas se secan, o casi se secan, comienza en julio y finaliza en diciembre. El milagro de este ciclo es que cuando las lagunas vuelven a llenarse, la vida también retorna. Peces, crustáceos y tortugas reaparecen como si jamás hubiesen salido de ahí. En la Laguna Azul, una de las más profundas, es en donde vimos la mayor cantidad de cardúmenes de pequeños pececitos, para nada tímidos: en lugar de alejarse se nos acercaban y nos mordisqueaban la piel. En cambio, en la Bonita, mucho más amplia y de aguas verdes, nuestra presencia los ahuyentaba.
Además de la extensión “desértica”, en Lençois también hay pantanos, ríos (sobre los cuales navegan las voadeiras, coloridas barcas típicas del lugar), playas y pequeños grupos de familias nativas, la mayoría de la cuales se asienta en una zona llamada Atins. Los habitantes de este lugar se dedican a la pesca y a la cría de unas pocas cabezas de ganado para su propia subsistencia. También a la recolección de cocos para vender su refrescante agua a los paseantes y, las mujeres, al tejido de bolsos, sombreros y distintas artesanías hechas con fibra de burití.
Para quienes les interese conocer un poco más de la forma de vida de los maranhenses, una actividad interesante puede ser la visita a una familia de Caburé, quienes muestran cómo fabrican en forma artesanal la harina de mandioca, uno de los alimentos básicos de la región. La mejor parte es cuando ellos invitan a los visitantes a tomar un cafezinho o un suco acompañado por un rico pastel de pubá (hecho con la harina) o una de esas bananas rosadas que cosechan en su propio jardín. En Caburé hay posadas, hosterías y restaurantes a los que los maranhenses van a pasar el día para disfrutar del almuerzo, la piscina, excursiones a los Pequeños Lençois (otra región del parque en donde las dunas son más amarillas) y hasta bañarse en el mar. Allí queda la Pousada de Paturí, un paulista ex marino mercante que, cansado de la vida agitada que llevaba, un día se “aposentó” (se jubiló), se mudó a Caburé y se casó por enésima vez con una muchacha casi 30 años menor, junto a la que ahora se dedica a disfrutar de la vida. Uno de los momentos inolvidables del viaje fue la noche que cenamos en su posada, a orillas del río, donde comimos en abundancia platos exquisitos, intentamos bailar el típico forró (el ritmo de todo el nordeste) y escuchamos chistes hasta la madrugada. Hubo muchos otros momentos para recordar, claro está. Sólo que a la distancia, viendo las fotos, cuesta entender que uno realmente estuvo allí, en un lugar tan mágico, en un lugar sin límites.



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-425-2004-07-18.html

Foto: El paisaje de los Lençois, palabra que significa “sábana”. Lo llamaron así porque las dunas parecen “sábanas tendidas al sol”.

EN LA CAPITAL VACACIONES Y PASEOS MUY URBANOS


Sábado, 20 de Julio de 2002


Invierno porteño
La ciudad ha empezado a ocupar un lugar destacado en la lista de los “debo ir” de viajeros internacionales, atraídos por un cambio de moneda que los favorece. Para los visitantes nacionales y para los porteños, las vacaciones que comienzan mañana y se prolongarán hasta el 2 de agosto prometen una agenda extensa de actividades culturales y turísticas gratuitas o de muy bajo costo.



Por Daniela Chueke
Durante las vacaciones de invierno, Buenos Aires se transforma en un centro de paseos permanente. En todo momento y a toda hora hay algo interesante para hacer, algún atractivo nuevo para descubrir o un espectáculo gratuito para disfrutar.
Para quien llega por primera vez, puede resultar un tanto imponente y desafiante. Sin embargo, es una ciudad en la que resulta bastante sencillo sentirse cómodo siempre y cuando se acepte y comprenda su ritmo acelerado, los ruidos del tránsito y el desfile permanente de gente en todas partes (tres millones de habitantes en una superficie de 200 kilómetros cuadrados y 14 millones si se suma la población del conurbano bonaerense).
Para la mayor parte de sus habitantes, inmersos en el trajín cotidiano, la belleza y las atractivos porteños habitualmente pasan desapercibidos. Pero no por falta de tiempo; acaso por falta de costumbre. Buenos Aires ofrece a los porteños una invitación permanente a convertirse en viajero en la propia ciudad. Es un ejercicio sencillo, que se puede hacer solo o en compañía, mejor aún si el invitado es, precisamente, un turista, ya que el oficio de guía improvisado lo pone a uno frente a esos detalles increíbles, en los que jamás había reparado. Por ejemplo, ese esplendor de antaño, que perdura en los edificios públicos, museos, teatros y parques, integrado al destello de los grandes centros de compras, restaurantes y bares temáticos que acentúan su carácter cosmopolita. O quizás, recorrer los diferentes barrios –los viejos y los renovados– que conforman el collage de su identidad ciudadana.
Aunque hay porteños que casi nunca van a los sitios turísticos porque los consideran demasiado “for export”, en realidad son paseos muy interesantes, no sólo para llevar a algún visitante ocasional, sino también para descubrir –entre sus rincones, edificios y paredes recicladas y acicaladas para las postales– algo de sus orígenes.

Paseando y comiendo Para pasear, los circuitos turísticos tradicionales –como por ejemplo, La Boca, San Telmo, Recoleta o los Bosques de Palermo– se pueden recorrer junto con los guías gratuitos que ofrece la Subsecretaría de Turismo. Pero también hay varios y originales paseos, como el de subirse a un viejo tranvía. Aunque este popular medio de transporte desapareció hace años, actualmente funciona una única línea de carácter turístico. Puede utilizarse los días festivos, de 15.00 a 20.00 horas y los sábados y domingos de 10.00 a 13.00 horas. Inicia su recorrido en la intersección de las calles Emilio Mitre y José Bonifacio, en el barrio de Caballito.
Hasta fin de julio se realizarán cuatro grandes ferias en Buenos Aires: Ayudar está de moda (a beneficio de la Casa Cuna), ArteBA (ambas terminan hoy), Del Libro infantil y la tradicional Exposición de Agricultura y Ganadería (ver recuadro).
A la hora de comer, en Buenos Aires todas las variantes son posibles. Desde la mejor carne y la tradicional pizza, hasta cocina étnica en locales muy fashion, como los que se concentran en la calle Báez, del barrio de Las Cañitas, o en los de aires neoyorquinos, donde comenzaron a instalarse los nuevos focos vanguardistas de la cultura, el arte y la moda: Palermo Soho (alrededor de la plazoleta Cortázar) y Palermo Hollywood (Honduras, pasando la avenida Juan B. Justo, alrededor de los estudios de América TV). Junto al río, el complejo de Puerto Madero es otro paseo a tener en cuenta para un domingo soleado, no sólo por sus restaurantes de primer nivel, bares, cines y yacht club, sino para visitar el Hotel de Inmigrantes, que funciona como museo. También a lo largo del Río de la Plata, pero un poco más popular, se extiende la Costanera Sur, sitio ideal para comer bien y barato en alguna parrilla, tomar sol o andar en bicicleta por la Reserva Ecológica o visitar la escuela de arte y el Museo de la Cárcova, donde se pueden ver réplicas de algunas famosas obras de arte, como la escultura en tamaño original del David de Miguel Angel, y antes o después, comer en la encantadora parrilla bajo los centenarios árboles del jardín del museo, allí donde termina la calle Brasil.



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-92-2002-07-27.html

CHILE A LOS PIES DEL VOLCAN VILLARRICA



Domingo, 6 de Junio de 2004
Invierno en Pucón
En el sur de Chile, un pueblo de montaña entre ríos y lagos que se ha consolidado en los últimos años como un moderno centro de ecoturismo y deportes de aventura. Con un centro de esquí, dos hoteles cinco estrellas y un conjunto de termas, Pucón atrae a numerosos argentinos por su cercanía.

Por Daniela Chueke
Pucón es un pueblo cordillerano de la Novena Región de Chile ubicado a los pies del volcán Villarrica y a orillas del lago del mismo nombre. En los últimos años el pueblo vivió un boom turístico cuyos orígenes hay que rastrearlos en el lejano año 1934, cuando se inauguró el Gran Hotel Pucón. En aquella época los pasajeros llegaban en tren a Villarrica, cruzaban el lago en barco y desembarcaban en el muelle del hotel. Hoy se llega por un camino que bordea el lago.

Ecoturismo, lago y termas En otoño, antes de que llegue la nieve, los viajeros pueden ascender el volcán y visitar sus grutas con estalactitas y estalagmitas. Y en invierno es posible disfrutar de la nieve y el esquí. El centro invernal está operado por el Gran Hotel Pucón. En verano se realizan actividades de ecoturismo como mountain bike, pesca y cabalgatas. En el río Trancura, con sus saltos y pendientes, se experimenta la emoción del rafting entre la densa vegetación nativa, que cubre las riberas con árboles como el mañíu, el ulmo y el laurel. Aunque la opción privilegiada durante los meses de calor es disfrutar de todas las posibilidades para descansar que brinda el lago Villarrica. Y quienes busquen un poco de acción podrán optar entre diversos deportes acuáticos como el esquí, el canotaje y el windsurf.
Un dato importante es que en la región cordillerana, a sólo 30 kilómetros del pueblo, hay ocho áreas termales en las que está permitido bañarse durante todo el año. Las más conocidas son las de Huife, Palguín, Metué y San Luis, con aguas que emergen a más de 40 grados centígrados, en medio de un hermoso paisaje. Las termas de Huife cuentan con un hotel que ofrece la opción de hospedarse o solamente visitar sus tres piscinas durante todo el día.

Laderas de un volcán El centro de esquí está a 20 kilómetros de Pucón y opera desde junio hasta octubre. Allí se realizan importantes competencias internacionales de ese deporte. Las pistas ofrecen una óptima calidad de nieve y la experiencia de deslizarse sobre las laderas de un volcán. El complejo cuenta con 20 pistas para todos los niveles, 9 andariveles, 4 aerosillas y 5 medios de arrastre.
En el centro funciona una escuela de esquí alpino y snowboard para principiantes, intermedios y avanzados. También se dan clases para los más chiquitos, quienes aprenden a esquiar en suaves pendientes supervisados por instructores.
Durante los descansos, luego de tanta actividad, los deportistas se dan cita en una moderna construcción de madera al mejor estilo de los refugios alpinos, para disfrutar de un chocolate caliente con torta junto al fuego de un hogar a leña. O si no, de un delicioso y tradicional pisco sour en la terraza con vista a cinco hermosos lagos.


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LONDRES CAMDEN TOWN


Domingo, 1 de Febrero de 2004
Un día de bohemia
Al norte de Londres, en uno de los sitios considerados más atractivos de la capital británica, hay mucho para ver. El lugar es Camden Town, un gran barrio integrado por mucha gente bizarra, cinco amplios mercados de pulgas, una fila interminable de puestos de ropa usada, locales de comida étnica y objetos tan extraños que resulta difícil descubrir para qué podrían servir.
Por Daniela Chueke

Basta salir del subte y caminar los primeros diez metros hasta Camden High, la calle principal, para darse cuenta de que uno ha llegado a un lugar completamente fuera de lo común. Pese a figurar en todas las guías turísticas de Londres, Camden Town esconde un submundo al que no cualquiera puede adentrarse. No al menos sin estar dispuesto a abrir la mente, ampliar la mirada y dejarse llevar por toda suerte de sensaciones extrañas y perturbadoras.
Conviene ir un domingo, con bastante tiempo y pocos prejuicios. De otro modo sería imposible relajarse y disfrutar del paseo, que promete mucha diversión aparte de las típicas compras en las ferias al aire libre.
Una legión de representantes de las más excéntricas tribus urbanas convive pacíficamente en las calles y los comercios del barrio londinense. Para un lego o un simple turista no es fácil distinguirlos, pero ellos se reconocen y diferencian entre sí por sus ropas, códigos de comunicación, comportamientos y distintos rituales: pueden ser góticos, punks, clubbers, navers, y hasta algunos sobrevivientes hippies.
Ellos se las arreglan para vivir su vida sin molestar y sin ser molestados. Como si sus cabellos verdes, plataformas de 15 centímetros, tatuajes y aros incrustados en los lugares más insólitos del cuerpo, no llamaran en absoluto la atención, esperan a los visitantes para distribuir entre ellos centenas de folletos promocionales: de clubes nocturnos exclusivos, de negocios especializados en cosas bizarras, clínicas de colocación de piercings o de peluquerías en las que es posible hacerse alguno de esos “raros peinados nuevos”.

STABLES MARKET, EL MAS NUEVO Todas las grandes metrópolis tienen sus espacios considerados alternativos, pero Camden es, además del mayor y el más variado, el único en el que los movimientos contraculturales se mantienen vivos y efervescentes. En Camden las personas creen y sostienen, con absoluta convicción, los valores de sus respectivas tribus, sean cuales fueren. Es fácil comprobarlo si uno, después de curiosear entre los mercados para comprar regalos diferentes, se da el tiempo para investigar con cierta actitud antropológica,
Así, por ejemplo, es posible descubrir que los vampiros existen. Al menos hay quienes lo aseguran, desde las páginas de la revista Bloodstone, especialmente escrita para vampiros, y que se consigue en La Maga City Comics, un local muy llamativo ubicado en la calle Inverness. Sus lectores son también fanáticos de Black Rose, uno de los locales góticos del Stables Market, el mercado más nuevo y extravagante del barrio. Trajes de estilo medieval, adornos escalofriantes para la casa, candelabros con forma de cráneo y todo tipo de instrumentos de magia negra se consiguen en ese gran bazar gótico. Cualquier duda, se puede siempre consultar a los vendedores, sin dejarse amedrentar por su aspecto vampiresco; se sabe que de día son inofensivos.
La otra raza de Stables es la de los futuristas. Todo lo que ellos necesitan lo encuentran en Cyberdog, un local de ropas tan disparatadas como inútiles, pero de diseños totalmente de avanzada y con materiales increíbles: corpiños de plástico que brillan en la oscuridad, remeras decoradas con luces que se encienden y se apagan, polleras que parecen la cola de un lagarto extraterrestre. Todo eso exhibido en un ambiente de rave: luz negra, música electrónica y decorados cibernéticos.
Los afectos al tatoo se congregan en Pepi’s y los cultores del piercing –los que se perforan el cuerpo con argollas y metales– aseguran que el mejor sitio para ponerse un nuevo accesorio es el London Piercing Studios.

LOS OTROS MERCADOS Si el tiempo alcanza, hay otros cuatro mercados para visitar. El Inverness Street Market vende frutas y verduras orgánicas para toda esa corriente de consumidores que defienden los cultivos totalmente naturales y combaten los alimentos genéticamente modificados. Enfrente queda el Camden Market, en donde se vende ropa, objetos antiguos y accesorios, generalmente usados, pero también objetos de diseño. Es el paraíso para los nostálgicos y amantes del revival. A lo largo de la calle Camden High y su continuación, Chalk Farm, se encuentran las zapaterías en las que es posible hallar todos los modelos de botas y zapatos con plataformas kilométricas que, contrariamente a lo que se puede suponer, son bastante cómodas. Al final de la calle, se llega al más viejo de los mercados, el Camden Lock Market.
En la década del ‘70, el mercado, situado a orillas del Regent’s Canal, comenzó a funcionar los fines de semana, con venta de artesanías, pero pronto se incluyó una amplia variedad de artículos como antigüedades, ropa y puestos de comida callejera. El lugar pronto empezó a atraer a grandes números de londinenses y turistas, por los precios bajos y por el atractivo del lugar. Los paseos en bote por el canal o simplemente la opción de mirar los barcos pasar a través de los diques se convirtió y todavía es una parte importante de una visita a Camden.
El comercio durante los días domingo se permitió en este lugar cuando todavía era una actividad prohibida en muchas otras partes de la ciudad y eso contribuyó al crecimiento de la zona. En 1985, el área ya era famosa y entonces se añadieron otros tres mercados, y muchos de los locales situados entre las estaciones de subterráneo de Camden Town y Chalk Farm se vendieron y se convirtieron en restaurantes turísticos. La construcción de nuevos estudios, con sus famosos huevos gigantes y tazas en el techo de la Breakfast TV Station (TV-am), y ahora hogar de la MTV, marcó la tendencia para la llegada de un gran número de compañías de medios de comunicación internacionales que cambiaron la cara de Camden Town en los últimos diez años.
En 1990, muchos de los viejos edificios del Lock fueron renovados y se instaló el nuevo Market Hall con tres pisos de pequeños negocios cerca de la calle principal. Pero el mayor cambio en los últimos años fue el hecho de que ahora la actividad se desarrolla a lo largo de toda la semana y no sólo los sábados y domingos. La mayoría de los comercios permanecen abiertos los siete días de la semana.
Lo interesante es que la mayor parte de las personas que trabaja, vive y circula por Camden Town no es de origen británico. Lo que menos se ve por las calles son ingleses. El contraste es la norma en todas partes: la arquitectura victoriana, combinada con los olores de los hot dogs alemanes, los shish ke babs árabes y los arroces al curry indios; las cabezas rapadas y las multicolores, los trajes hippies y los punks, la vanguardia y la nostalgia.
La diversidad es la esencia. Y quizás también lo sea cierta libertad para tentarse y animarse a cambiar un poco. Se sabe, allí nunca nadie lo va a mirar asombrado si decide llevar los cabellos totalmente pintados de colores fluorescentes; no le van a preguntar si va a una fiesta de disfraces cuando compre un vestido de vinílico transparente, y tampoco van a cruzar la vereda si lo ven ataviado con agresiva campera de cuero con tachas puntiagudas y cadenas en lugar de collares. Nada, absolutamente nada, parece raro en Camden Town, uno de los lugares más excéntricos del mundo.



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miércoles, 1 de abril de 2009

VIAJES GRUPALES PARA GENTE SOLA


Domingo, 15 de Febrero de 2004



El placer de la compañía


Los viajes en grupos de solos y solas son una solución para aquellos que por falta de compañía prefieren descartar la idea de viajar, aun cuando dispongan del dinero, el tiempo y las ganas de disfrutar de unas buenas vacaciones.

Por Daniela Chueke

La compañía es un factor clave en el éxito de un viaje, quizás tanto como pueden serlo los atractivos del destino elegido o la calidad de los servicios contratados. Pero hallar un partenaire apropiado para la ocasión no siempre es fácil. En el caso de gente sola, la complejidad del asunto suele ponerse en evidencia llegado el momento de las vacaciones si, por cuestiones de dinero, agendas laborales o diversidad de intereses, no es posible encontrar, entre los familiares y amigos, algún compañero con el cual compartirlas. De este modo suele ocurrir que, salvo aquellos con espíritu prescindente y aventurero, muchos solitarios prefieren descartar la idea del viaje, aun cuando dispongan del dinero, el tiempo y las ganas. Sin embargo, es bueno saber que, desde hace unos años, la falta de pareja no es un impedimento para poder disfrutar de unas buenas vacaciones. Precisamente, al descubrir que el de los “solos y solas” constituye un importante segmento del mercado de viajeros, algunas agencias organizan tours especiales para aquellas personas que no cuentan con un compañero de aventuras.
En la Argentina, la propuesta comenzó a desarrollarse hace más de una década de la mano del agente de viajes Alfredo Luquer, quien a partir de una vasta experiencia profesional detectó la oportunidad de brindar este servicio. “Por mi profesión he viajado bastante y he encontrado a mucha gente en los hoteles comiendo sola, leyendo un libro o caminando sola. Yo me fui acercando a varias de esas personas para preguntarles qué les pasaba o por qué estaban aisladas, y todos me decían que no tenían posibilidades de salir con sus amigos, unos porque no tenían dinero, otros porque no tenían tiempo para salir de vacaciones.” En esos sondeos, Luquer descubrió que muchos de estos viajeros solitarios estarían dispuestos a integrarse a grupos de pasajeros con similares intereses, siempre y cuando, además de la oportunidad de compartir actividades y paseos, también pudieran mantener su independencia. Actualmente, desde la empresa Eves, Luquer arma paquetes para solas y solos –que están disponibles en agencias de viajes de todo el país– hacia los más diversos destinos y con distintos tipos de servicios: ya sea a resorts all inclusive en el Caribe o Brasil, hasta cruceros y recorridos clásicos por ciudades de Europa o Sudamérica.
Otra de las compañías de turismo que es conocida por reunir a viajeros con los mismos intereses es Asatej, orientada principalmente a jóvenes de todo el mundo. Si bien no organiza grupos exclusivos para solteros, es mucha la gente sin compañía de entre 18 y 35 años que consulta y decide sumarse a las salidas grupales que la operadora ofrece a diferentes destinos: safaris al Sur, Europa, Africa o Australia. Otra opción que ofrece esta empresa es la de contactar a posibles compañeros de viajes a través de su página web. “El interesado ingresa a nuestro sitio web (www.asatej.com.ar) y deja su mensaje cliqueando en el botón ‘comunidades’ y luego en ‘compañero de viaje’”, explica Carolina Alvarez, responsable de comunicaciones de la operadora.

JUNTOS ES MEJOR... Y MAS barato Quienes con mayor frecuencia eligen sumarse a este tipo de experiencias son profesionales o comerciantes, con edades promedio de entre los 35 y los 60 años. Por lo general, el alojamiento se realiza en hoteles de cuatro o cinco estrellas, por lo que los precios de los paquetes superan los mil dólares. En muchos casos, las agencias de turismo que trabajan con esta modalidad toman reservas de habitaciones dobles a personas que están dispuestas compartir el cuarto con el fin de abaratar costos y luego se encargan de encontrar al compañero o compañera con el cual puedan prever una convivencia armoniosa. Para suavizar este proceso, las agencias organizan una reunión pocos días antes a la partida en la cual, además de informarse sobre los contenidos del programa, los futuros compañeros de viaje pueden empezar a conocerse mutuamente y descubrir con quiénes tienen mayor afinidad. Según Luquer, esusual que algunas de las personas que participan de este tipo de experiencias terminen siendo buenos amigos y hasta formando parejas. Pero aclara: “No somos una agencia matrimonial; somos una operadora de viajes”.

SOLOS Y CON INICIATIVA PROPIA Otras propuestas para los solos suelen generarse a partir de la iniciativa de personas como Nora Rodríguez, que tenía ganas de viajar pero no encontraba amigos disponibles. La joven envió un e-mail a una revista de viajes y logró generar un grupo de mujeres de entre 30 y 40 años que pronto se van a Cancún a un hotel de 5 estrellas, donde compartirán habitaciones triples para abaratar el emprendimiento.
“Lo que nos sucede a la gente de entre 35 y 50 años es que quizás tenemos el dinero para irnos pero no un amigo o amiga que nos pueda acompañar, e incluso a veces hay gente que no puede hacer coincidir sus vacaciones con las de sus parejas”, comenta Nora y aclara que su función no es la de un agente de viajes. “Nosotros nos reunimos para intercambiar ideas y después entre todos elegimos la agencia de viajes.” A partir de la iniciativa de Nora, también se armó un grupo de mujeres y hombres de edad promedio 45 años, en su mayoría separados y profesionales, que se van este mes a un crucero por el norte de Brasil.
Silvia Allende es una productora de viajes free lance que hace 9 años empezó a organizar viajes para gente sin pareja, a lugares de la Argentina. Su oferta para el verano 2004 se centra en destinos de la Patagonia y el próximo viaje hacia Puerto Madryn está programado para este mes. Esta opción, que incluye traslados en ómnibus y hotelería tres estrellas, además de las excursiones y media pensión, cuesta alrededor de 900 pesos. Allende acompaña al grupo y, en su experiencia, lo destacable de este tipo de viajes es “el buen nivel sociocultural de la gente y la capacidad de integración que se genera desde el momento en que todos se suben al micro”. La razón, arguye Allende, al igual que los demás consultados, es que hay un objetivo común, el de hacer turismo, más allá de la fantasía que se pueda generar de encontrar una pareja. Pero, como reza esa conocida canción de Litto Nebbia, “dicen que viajando se fortalece el corazón”...


Datos útiles

Empresas de turismo: Eves,
organizador Alfredo Luquer:
4393-6151, 4393-6411 (fax),
solasysolos@eves.com.ar - www.eves.com.ar
Asatej: 4114-7500, informes@asatej.com.ar - www.asatej.com.ar
Organizadores particulares: Nora Rodríguez: solesylunas@fibertel.com.ar
Silvia Allende: 4794-6302, silviaviajes@interlap.com.ar - www.sviajes.com.ar


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ENTRE RIOS LA CIUDAD DE COLON



Domingo, 25 de Abril de 2004

Termas, río e historia

Ubicada a 330 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, a orillas del río Uruguay, la ciudad de Colón es una buena opción como destino de una escapada en cualquier momento del año. Aguas termales, excursiones y un paseo al Parque Nacional El Palmar.

Por Daniela Chueke
Si bien, por sus 17 mil habitantes, Colón pertenece a la categoría de ciudad, lo primero que se percibe al llegar y empezar a recorrer sus calles angostas, de leves subidas y bajadas, es ese latir pausado tan propio de los pueblos chicos.Cuando el General Justo José de Urquiza proclamó su fundación el 12 de abril de 1863 se refirió a la que, por entonces, era una pequeña villa, como “el más bello recinto de las hermosas riberas del Uruguay”. Pasado más de un siglo de aquella apreciación, se conservan intactos todos los encantos de ese balcón natural que mira hacia el majestuoso río. Para conocerlos, lo ideal es dar un paseo por la avenida Costanera que serpentea el río y se continúa a lo largo de diez kilómetros de playas. Caminando bajo los árboles que sombrean casi todo el recorrido, se llega al centro deportivo y recreativo Parque Doctor Herminio Quirós, a la hermosa casona donde funciona la Secretaría de Turismo y al puerto. Desde allí, enlazando hacia el norte con el Camino Costero se arriba al Complejo Termal de la ciudad, aledaño al Golf Club Colón.BAÑOS TERMALES La fama de Colón por los servicios que brinda para el cuidado de la salud y el rejuvenecimiento fue adquirida hace más de veinte años, gracias al spa con piscina de agua mineralizada del único hotel 5 estrellas de la ciudad, el Quirinale, que todavía funciona y que ofrece paquetes que combinan el alojamiento con tratamientos para reducir el estrés o la obesidad.Pero la posibilidad de sumergirse en las humeantes aguas recién se volvió accesible a todos los bolsillos y presupuestos cuando se creó el Complejo Termal, luego de que un equipo de alta tecnología logró perforar el pozo de 1500 metros de profundidad que llega a las napas subterráneas. El agua termal comenzó a surgir un día que todos los colonenses recuerdan: exactamente a las 21.15 del 2 de noviembre de 1996. Aquella noche, los vecinos se congregaron alrededor del pozo para celebrar la concreción de un objetivo común, esperado por más de una década.De acuerdo con los análisis bioquímicos, las aguas del Centro Termal de Colón contienen sodio, cloruro, potasio y fosfato, y poseen alrededor de 36 grados de temperatura. El lugar está construido sobre un inmenso predio ubicado sobre una lomada, con vista al río, con piletas cubiertas y descubiertas, duchas, sanitarios, cantina, alquiler de reposeras, y un área en la que se ofrecen distintos tipos de masajes y tratamientos de belleza. Gracias al funcionamiento de este centro se multiplicó la actividad turística de la ciudad. Los hoteles de todas las categorías actualmente ofrecen paquetes que incluyen estadía y traslados diarios al predio termal, además de media pensión o pensión completa, algún city tour, o alguna excursión, por precios realmente muy variados y accesibles. Quienes prefieren mayor independencia, pueden optar por el alquiler de bungalows, casas o uno de los seis campings de la ciudad.ENCUENTRO CON LA HISTORIA Para viajeros con espíritu sibarita, un día en Colón podría reducirse a una agenda muy sencilla: por la mañana, termas; al mediodía, almuerzo y siesta; por la tarde, otra vez termas; y, a la noche, cena y dormirse temprano. Con tal fórmula, qué duda cabe, el éxito en la batalla contra el estrés sólo puede estar asegurado. Pero la misma opción no parece ser la apropiada para aquellos de ánimo más curioso e inquieto. En esos casos, lo mejor es armar un programa de excursiones y actividades, eligiendo entre las muchas localidades cercanas o bien recrearse alrededor del río, para disfrutar de las posibilidades que brindan en esta época del año, las islas y los deportes náuticos.En materia cultural e histórica, vale la pena conocer el Molino Forclaz, ubicado a sólo 4 kilómetros de la ciudad, construido al estilo holandés por una familia de inmigrantes en 1888 y declarado Monumento HistóricoNacional. Los museos de la zona son otro importante atractivo. Uno de ellos se encuentra en la Colonia San José, en un edificio de estilo colonial que data del año 1867, cuyas diversas salas recuerdan la evolución de la vida y costumbres tradicionales de los pobladores de la Colonia; el otro, llamado El Porvenir, está en la ciudad de Villa Elisa. Desde esta última localidad se puede abordar el denominado “Tren Histórico” para llegar, luego de recorrer 36 kilómetros a través de un exótico paisaje mesopotámico, hasta el Palacio San José, la magnífica residencia del General Urquiza. A pocos kilómetros de Colón también se encuentra Liebig, un poblado de cuento, construido al estilo inglés por una empresa británica que levantó allí uno de los primeros frigoríficos del mundo dedicados a la conservación de carnes. Finalmente, el paseo urbano obligado –conviene no dejarlo para el último día si se quiere comprar con tranquilidad– es darse una vuelta por el Centro Artesanal “La Casona”, en pleno centro de Colón, que reúne a los mejores artesanos de la zona. CONTACTO CON EL RIO Pero, sin dudas, el atractivo indiscutible de toda la ciudad es el río. Sentarse nada más que a observar sus aguas ondulándose bajo el sol otoñal, con el marco de las frondosas islas verdes, es quizás uno de los ejercicios más relajantes. Pero también vale calzarse las ojotas o las zapatillas, según el clima lo permita, y prepararse para la caminar por sus costas. La zona de playas de Colón abarca 10 kilómetros y se extiende por todo el frente urbano sobre el Uruguay, en el sector que está delimitado por los dos arroyos de la ciudad: el Artalaz, al norte, y el arroyo de La Leche, al sur. Sobre la misma zona balnearia, junto al río, están también las áreas de campings donde el visitante dispone de buenos servicios sanitarios, agua corriente, energía eléctrica y proveeduría.Frente a la costa están las islas del río Uruguay (algunas corresponden a la jurisdicción argentina y otras son uruguayas). Casi todas estas islas poseen extensos bancos de arena blanca y, salvo algunas excepciones, son islas desiertas, cubiertas por una selva en galería con gran variedad de árboles y otras plantas, así como pájaros exóticos. Se puede llegar en bote o barcos de alquiler y también hay empresas de turismo aventura que organizan excursiones guiadas. Otra actividad frecuente es la práctica de deportes náuticos: kayac, remo, windsurf, navegación a vela o esquí acuático. Y, sin duda, la pesca, sobre todo de surubí y dorados, para lo cual hay que tramitar previamente el correspondiente permiso municipal.
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CON ENERGIA AL URITORCO



Domingo, 16 de Mayo de 2004

CORDOBA CAPILLA DEL MONTE, EN EL NORTE DEL VALLE DE PUNILLA

Situada a los pies del Uritorco, Capilla del Monte atrae no sólo a los que buscan el remanso de la naturaleza serrana. La villa y su imponente cerro también convocan a quienes creen que de sus laderas emana una gran energía, sin duda necesaria para todas las variantes de deportes y turismo de aventura que ofrece este lugar cordobés.

Por Daniela Chueke
Más allá del aura de leyenda y esoterismo que envuelve a Capilla del Monte, conviene empezar con lo concreto y comprobado. Por ejemplo, que el pueblo está enclavado sobre una superficie de 36 mil kilómetros cuadrados, al pie del cerro Uritorco que, con sus 1979 metros de altura sobre el nivel del mar, es el más alto de las Sierras Chicas, situadas en el extremo norte del Valle de Punilla. Esa ubicación genera una atmósfera diáfana y seca que la convierte en una zona de clima “templado serrano” con una temperatura media anual que oscila entre los 19 y los 22 grados. En otras palabras, en Capilla es posible gozar del proverbial aire puro tan propio de las sierras cordobesas. Pasando a otra dimensión, lo que atrae a una gran mayoría de visitantes es la difundida creencia de que el lugar constituye uno de los “centros energéticos más poderosos del planeta”. Según algunos estudios climáticos, el distrito está ubicado en un punto geográfico donde existe la mayor cantidad de horas a pleno sol durante todo el año y la carga de iones negativos en el ambiente provocaría que las personas se sientan de buen humor y con ganas de disfrutar del aire libre. Sin embargo, esta característica que se atribuye a Capilla no ha sido comprobada científicamente. Nadie sabe muy bien exactamente qué significa el adjetivo “energético”, pero todo el mundo lo usa como un comodín para explicar todo aquello sujeto a variaciones: el estado de ánimo, las sensaciones corporales, los fenómenos climáticos, las luces del cosmos que brillan en las noches. Cualquier acontecimiento en Capilla se puede atribuir a cierta supuesta energía especial que emana del Uritorco. Incluso hay quienes creen que el pueblo es el elegido por visitantes de otros planetas como una base para establecer contacto con los habitantes de este modesto rincón del universo. La leyenda nació en 1986 cuando, según cuentan, una mañana de verano apareció una gran huella ovalada de pasto quemado en el cerro Pajarillo, a 20 kilómetros de Capilla. Enseguida surgió la explicación paranormal: esa marca se había producido por el aterrizaje de una nave extraterrestre.
Un pueblo muy especial Para familiarizarse con el lugar, lo más acertado es quizás una breve vuelta por el pueblo. El centro queda cerca de cualquiera de los más de treinta hoteles y hosterías en los que es posible alojarse con comodidades desde una hasta tres estrellas. En la diagonal Buenos Aires, la calle principal del pueblo, está la mayoría de los restaurantes, bares y negocios y es allí donde se desarrolla toda la movida nocturna. Esta calle es más conocida como La Techada, porque es la única en Sudamérica que, efectivamente, tiene un techo. Se trata de una estructura metálica que se construyó en 1964 para un festival de cine y fotografía y hoy es el punto de reunión de festivales, convenciones y espectáculos. Llama la atención la gran cantidad de librerías esotéricas y las casas de artículos de regalo que, además de la tradicional peperina, los alfajores cordobeses y las artesanías locales, venden transparentes piedras de cuarzo, muñecos con las figuras de duendes, gnomos, hadas y amigables extraterrestres. También sorprende la proliferación de carteles que anuncian conferencias sobre tópicos que, para un desprevenido, pueden parecer totalmente delirantes: nueva conciencia crística, lectura de runas y hasta relatos de contactos intergalácticos. Si uno se sienta en una mesa de café o en el banco de una de las heladerías (los helados se venden al peso, con un original sistema “sírvase usted mismo”), podrá apreciar un interesante desfile de personas y entretenerse tratando de adivinar a qué se dedican o por qué están allí. Abundan las remeras batik, las cabezas rapadas y las miradas serenas, como en un trance permanente.
Pura naturaleza Pasando a la acción, el turista encuentra todas las posibilidades para divertirse a pleno. Montañas, balnearios, excursiones y cabalgatas son algunas de las opciones más tentadoras. Y los que prefierenmayor riesgo tienen la posibilidad de volar en parapente o practicar escalada en roca y rappel. Uno de los paseos preferidos es acercarse a alguno de los muchos ríos que bajan de las montañas. Atravesando un camino de ripio, a sólo cuatro kilómetros del centro, se llega al popular Balneario La Toma, a orillas del río así llamado, colector de los arroyos Huertas Malas y Alazanes. Su caprichoso cauce forma hoyas y cascadas que generan un microclima húmedo; allí es posible disfrutar del agua que cae, del cantar de los pájaros o del descanso sobre una roca lisa y tibia, entre helechos y arbustos, molles y quebrachos. Si bien esos oasis escondidos no son difíciles de descubrir, es necesario andar bastante por los senderos del monte para encontrarlos. La observación de aves es otro ejercicio interesante si uno cuenta con la paciencia necesaria y es capaz de mantenerse en perfecto silencio para no ahuyentarlas. En la región habitan distintas especies como jilgueros, rey del bosque, reina mora, cardenales, tordos, zorzales, venteveo, pájaro carpintero, piquito de oro, palomas, loras, crespines, colibrí, patos silvestres, perdices, garzas.Para los deportistas y los de espíritu aventurero, todas las Sierras Chicas ofrecen un desafío a sus destrezas. Es posible, por ejemplo, internarse a través de los senderos no tradicionales que surcan los faldeos o quebradas y que ofrecen distintos niveles de dificultades para la práctica de trekking. De ese modo uno puede llegar a lugares como Los Mogotes, los Paredones, el dique Los Alazanes, el dique El Cajón, Huertas Malas, el parque Los Terrones, las formaciones geológicas de Ongamira o el cerro Pajarillo. También para cabalgar existen circuitos por el cerro Las Gemelas, el dique Los Alazanes, en las faldas del Uritorco y caminos como el de La Higuerita, las Minas de Mica, El Totoralejo, Los Moros, Los Terrones, Las Papillas, Campo Las Minas, Estancia Corral de Piedra. Si uno se anima a subir y bajar del Uritorco, en total unos 26 kilómetros, le tomará unas siete horas de caminata a buen ritmo (cuatro para hacer cumbre y tres para el descenso) a través de un sendero pedregoso. Al andar por sus laderas cubiertas de quebrachos, que en los meses de primavera se tiñen de rojizo, los guías suelen evocar su leyenda:“Cuentan que el viril cerro fue un joven indio enamorado de la bella hija de un hechicero, que se convirtió en una figura satánica para perseguir el amor maldecido de Uritorco y Calabalumba. Huyeron, fugitivos y acosados por el negro demonio de muerte hasta que fueron alcanzados por el Uturunco y se transformaron ambos: él en el magnífico cerro y ella, en ese río de lágrimas que brota de su pecho de piedra. Pero el hechizo de ese amor perduró en conjuro para siempre”.

1) Paisaje serrano en los alrededores de la villa cordobesa.2)No es un ovni. Es un parapente a punto de volar sobre Capilla del Monte.


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